Lunes de catarsis

Hoy es un nuevo día, una nueva semana; pero también, es un día especial, el inicio de un nuevo reencuentro, de nuevos experimentos en búsqueda de verdaderas experiencias. Desde hace un tiempo ya, mi pareja y yo venimos probando actividades para ayudarnos a llevar una vida más saludable y plena. Hemos incorporado el juego del playground para adultos para formar nuevos hábitos todos los meses y separar tiempo de nuestras ajetreadas semanas para iniciar proyectos o hacer aquellas actividades que siempre hemos querido, pero que el día a día nos ha puesto difícil. Además, hemos estado incorporando otros elementos para una vida más simple. Por su parte, hemos comenzado a hacer ejercicios para aliviar el estrés, salir a tomar aire fresco y ganar resistencia. Nos hemos dedicado a disfrutar de nuestros fines de semana y hace dos días comenzamos con nuestras lecturas nocturnas. Esas lecturas nos han llevado into a whole new world of opportunities. Uno de los libros habla sobre cómo aprender a fluir, cómo hacemos uso de nuestro tiempo, cómo podemos hacerlo de manera consciente, cómo podemos llevar una vida plena. Y el otro habla sobre el libro tibetano de los muertos y las enseñazas budistas.

Imagino que han escuchado repetidas veces la frase de vivir cada día como si fuera el último. Imagino también que se han preguntado cómo lograrlo. En momentos, he pensado que es un tanto imposible, dado que siempre vamos a tener actividades no del todo emocionantes y que si pudiéramos, no haríamos. Sin embargo, considero que vivir en plenitud no se trata solo de las actividades que hagamos, sino de la actitud con la que las encaremos. Sé que a veces no me provoca cocinar o no me gusta limpiar, pero puedo lograr disfrutar inclusive de ello. Primero, es importante que cuando hacemos una actividad nos dediquemos de lleno a ella. Si voy a cocinar, es disfrutar de los olores y colores, ver cómo todo se mezcla y produce un delicioso resultado. Si voy a comer, se trata de disfrutar de la comida, del momento, no de atragantarme porque tengo que trabajar o hacer otra cosa. Inclusive a veces hasta el trabajar o estudiar nos fastidia. Pensemos, ¿estamos trabajando y estudiando lo que queremos? Si es así, estoy segura que un día sin tanto ánimo no representa más que una simple piedrita en el camino, mas no su final. Si no es el caso, es tiempo de reflexionar cómo queremos vivir. ¿De qué vale agotarse trabajando si no es el trabajo que explota nuestro potencial y nos hace sentir orgullosos y felices de estar allí? Recuerden las palabras de Steve Jobs. Si al mirarnos en el espejo, no nos gusta lo que se refleja, algo debe cambiar.

Aprendiendo y combinando lecciones

Quisiera hablar sobre algunos elementos de los que hemos leído en ambos libros. En primer lugar, si bien no soy budista, respeto sus creencias, pero más aún rescato la importancia de su meditación. Tal vez no esté en nuestros objetivos convertirnos en lamas o yoguis expertos. Sin embargo, ¿qué tal un poco de meditación diurna para encarar nuestro día con otra mirada? Más arriba les comentada de esta frase famosa sobre vivir plenamente cada día. ¿Hay alguna manera de enfocar nuestras energías de manera que en la noche podamos reflexionar y decir, qué tremendo día, no cambiaría nada? Yo creo que sí. Y ojo, no hablo de planificar cada movimiento, dado que en el control extremo no está la clave. Pero, sí hablo de tomarnos unos minutos para pensar sobre aquello que queremos y tenemos que hacer en el día y cómo podemos hacerlo de manera que nos traiga satisfacción. A lo mejor, como ya les dije, me toca limpiar y no tengo muchas ganas, pero de repente puedo enfocarme en el resultado, cuánto me gusta ver la casa limpia y cómo disfruto de las superficies organizadas y olorosas. Además, que tal si dentro de esas actividades del día pensamos en cómo sorprender o agradar a nuestros seres queridos. Inclusive, por qué no incorporar pequeños detalles que no solemos hacer, tales como dar una vuelta por el parque durante el día como parte de algún break de trabajo. Y mientras hacemos todo eso, por qué no darse la oportunidad de apreciar todo lo que nos rodea. Si vives, por ejemplo, en un país con estaciones, ¿te ha pasado que llega la primavera o el otoño y ni te das cuenta que los árboles ya están poblados o sin hojas? Solemos ir por la vida directo al grano, pero ¿qué dejamos atrás? A veces de la prisa solo queda el cansancio.

Así que los invito a meditar y reflexionar sobre las actividades que ocupan su día. ¿Hay algo que quisieran cambiar, tal vez agregar más balance, tal vez quitar ruido

Un poco de sol matutino

El otro día leí un post sobre cómo levantarse más temprano y no morir en el intento. Debo admitir que siempre he querido pararme antes, pero desde que me mudé de país, se me ha pegado la mosca tse-tse. Si antes no dormía más allá de las 10:30 am durante el fin de semana, ya no tengo límites. Si pongo la alarma máximo a las 9:30 am entre días, puede que me termine despertando inclusive hacia las 11:30 am. Afortunadamente, puedo darme el lujo, pero ¿qué hay de todas esas horas en cierta forma desperdiciadas? ¿Realmente necesito dormir tanto? Pues, yo creo que no.

Inspirados en el blog Be more with less, hoy nos hemos establecido un límite: probar acostarnos más temprano, dormir 8 horas y por ende, levantarnos antes. ¿Qué les parece haber ganado 3 horas más de un día? Ciertamente, la mañana se ve diferente, el paisaje te da una mejor bienvenida y estás listo para disfrutar de la jornada con energía y motivación, nada de flojeras, pijamas y fastidio.

De hecho, si estuviera despertándome como siempre, aún estaría dormida o apenas comenzando. En cambio hoy, ya desayuné, tengo arreglada la casa, estoy escribiendo esta entrada en el blog, reflexioné sobre mi día y tuve unos 15 minutos de meditación.

Meditación tibetana al alcance de la mano

Tal como les acabo de comentar, tuve 15 minutos aproximadamente de meditación. Así como los monjes tibetanos meditan en las mañanas y ponen sus días en perspectiva, nosotros también podemos hacerlo a nuestra manera. Y para ello, les presento una aplicación que conocí y me recomendaron hace poco. Se llama Headspace y tiene una prueba de meditación gratuita de 10 sesiones de 10 minutos cada una. Los invito a comenzar su día con este espacio vigorizante y relajante a la vez.

Es cuestión de actitud

El pasado viernes me desperté sintiéndome mal. Sin embargo, vi el video que les adjunto a este post. Me hizo reflexionar, sobre todo la parte de por qué quejarse constantemente, en lugar de poner un mayor esfuerzo y trabajo en lograr lo que queremos alcanzar. Es por ello que me dije a mí misma que no podía pasar el resto del día quejándome por mi malestar. No podía permitir que la enfermedad pudiera conmigo.

Los viernes suelen ser mis días para limpiar la casa. Y con esa nueva actitud en mente, comencé a buscar los implementos para iniciar mi tarea de limpieza. Capaz se sorprenderán con lo que les voy a decir a continuación, pero no limpié. Mi pareja me pidió que descansara para que me recuperara y así pasara mejor el fin de semana. La verdad que decidí seguir su consejo y cuidarme. Sin embargo, aún cuando no pude limpiar, no siento que el malestar haya acabado mi día. Lo importante es la actitud. Mi actitud no se sucumbió antes las molestias. No pasé el día quejándome ni recordando cuánto me sentía mal. Por el contrario, descansé y aproveché de ocupar mi mente en otras cosas. Al final del día, ni recordaba que estaba enferma.

Tenía dos opciones: enforcarme en esto…

Flores 2… o dejarme llevar por el clima gris del día:

Lluvia 1For sure, no elegí la segunda opción. Los invito a quejarse menos y a hacer más. Los invito a contrarrestar lo negativo. Si se sienten tristes, anímense con un poco de música vigorizante. Si no tienen ganas de salir de casa, párense, vístanse y salgan. No dejen que una nube les empañe el día.

Happy reading!